¿ Por qué un Congreso en Extremadura ?

La compleja realidad geográfica y cronológica de la modernidad arquitectónica en España ha venido siendo revisada desde la década de los setenta mediante estudios, monografías, inventarios, tesis doctorales, guías, etcétera, pero es en los últimos años cuando se están desarrollando proyectos de investigación que afectan a aspectos territoriales, urbanismo y arquitectura tanto doméstica como de equipamientos públicos e industriales, relacionados con Extremadura.

Con ello, la arquitectura del Movimiento Moderno de sus ciudades (con arquitectos que aportaron obras con personalidad como Francisco Vaca, Rodolfo Martínez, los hermanos Morcillo, Ángel Pérez, Francisco Calvo Traspaderne, Luis Gutiérrez Soto o López Montenegro) y sus Pueblos de Colonización (con proyectos de Fernández del Amo, Alejandro de la Sota, José Antonio Corrales, Carlos Arniches, Rafael Leoz y otros), se está dando a conocer, circunstancia clave para nuestra región.

Por otro lado, en Portugal, algunos de sus arquitectos más representativos para la consolidación de una modernidad arraigada a partir de importantes batallas contra la situación establecida (desde Honório Viana de Lima, pasando por Keil do Amaral, Carlos Ramos, Alberto Pessoa, Nuno Teotónio Pereira y otros tantos) o el propio Fernando Távora, precursor y padre espiritual de la consagrada y reconocida Escuela de Oporto, son autores de una obra prácticamente desconocida en nuestro país.

Sin embargo, somos testigos en la actualidad de la dificultad de transmitir a la sociedad la importancia de esta arquitectura, que corre el peligro de desvirtuarse si no se trabaja decididamente para su puesta en valor. Una arquitectura de calidad, muchas veces de firma reconocida, comparable en términos de igualdad a la desarrollada en otras regiones españolas y europeas. Arquitectura cuyo valor esencial reside en ser fiel reflejo de un tiempo de transformaciones cruciales en la sociedad extremeña, de su irrupción en la modernidad. Arquitectura profundamente arraigada en nuestros paisajes y en nuestra memoria colectiva. Patrimonio Cultural, en definitiva. Arquitectura de interés y utilidad, cargada de potencialidades para los usos de nuestro tiempo, ya que se identifica con los presupuestos del racionalismo arquitectónico, muchos de los cuales disfrutan aún de plena vigencia.

En todo caso, nos encontramos con que la arquitectura del Movimiento Moderno en nuestra Comunidad es una realidad insuficientemente reconocida y poco valorada, necesitada de cauces que la acerquen desde la comunidad científica a las administraciones públicas y, por supuesto, a la sociedad en general, a la vez depositaria y sostén de este patrimonio. Es el momento de tomar el camino de búsqueda de nuevos “modos de habitar” esa herencia como ejemplo de lugares aún vivos, donde la sociedad del siglo XXI puede desarrollar las actividades propias de su tiempo.

Este camino está alineado con los retos actuales de la sociedad, una sociedad sostenible, cuyo desarrollo social, económico, cultural y político asegura sus necesidades actuales sin comprometer las necesidades de las generaciones venideras. Así, reconocer la aportación de la arquitectura del Movimiento Moderno nos sitúa en una posición de partida ventajosa para potenciar unos principios de sostenibilidad, considerando este legado materia prima en la construcción del futuro.

Por otra parte, la ubicación de Extremadura, que comparte 428 km de frontera con Portugal, y la fluida relación social e institucional permite afrontar desde una perspectiva transfronteriza el análisis sobre los posibles paralelismos y las evidentes diferencias del Movimiento Moderno a ambos lados de la Raya y sus nuevas oportunidades.